AMENHOTEP Y LOS COLOSOS DE MEMNÓN.
En este desplazamiento, circulamos hacía el Valle de los Reyes pero antes unos pocos valientes tuvieron la ocasión de montar en globo, justo en el emplazamiento de los colosos de Memnón.Los Colosos de Memnón, dos estatuas gigantes de piedra que representan al faraón Amenofis III (también llamado Amenhotep III). Construidas hace más de 3.400 años, se encuentran en Luxor, Egipto, en la orilla oeste del río Nilo.
Aunque la palabra "Ameneshep" parece una mezcla entre el nombre del faraón y el de su arquitecto Amenhotep, estas esculturas son famosas en todo el mundo por su gran tamaño y por una vieja leyenda mágica.
Amenofis III (también llamado Amenhotep III) fue el noveno faraón de la dinastía XVIII de Egipto y gobernó el país durante una auténtica época dorada de paz, riqueza y esplendor artístico. Su reinado duró casi 40 años (aproximadamente entre 1386 y 1349 a.C.), un tiempo en el que las artes y la arquitectura alcanzaron su punto más alto. Por todo esto, se le conoce en la historia como "Amenofis el Magnífico".
Amenofis III ordenó construir estas estatuas para que cuidaran la entrada de su templo funerario. Este templo era gigantesco, ¡el más grande de todo Egipto!. Con el paso del tiempo, el agua de las inundaciones del Nilo y varios terremotos destruyeron el templo, y hoy en día solo quedan los dos colosos de pie. Se sigue excavando en el perímetro.Cada estatua mide unos 18 metros de altura y pesa cerca de 1.000 toneladas. Las esculpieron usando bloques de piedra traídos desde muy lejos. Muestran al rey sentado con las manos en las rodillas mirando hacia el este, por donde sale el sol. A los lados de sus piernas hay figuras más pequeñas que representan a su madre y a su esposa.
El nombre de "Memnón" no es egipcio, sino griego. Viene de una historia muy curiosa: En el año 27 a.C., un fuerte sismo rompió la parte superior de una de las estatuas. Desde ese día, cuando salía el sol por la mañana, la estatua rota empezaba a hacer un ruido extraño, como si soplara el viento o como un silbido cantarín. Los viajeros griegos que visitaban el lugar pensaron que la estatua era el héroe Memnón, un rey de la mitología que murió en la guerra de Troya. Decían que la estatua "cantaba" por las mañanas para saludar a su madre, la diosa de la aurora. Muchos siglos después, un emperador romano arregló la estatua rota para dejarla bonita. Al tapar las grietas, el aire dejó de pasar y el coloso se quedó en silencio para siempre. Hoy sabemos que el "canto" pasaba porque el calor del sol de la mañana evaporaba el agua acumulada en las grietas de la piedra fría de la noche.